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HISTORIA DE LA INGENIERÍA
QUÍMICA
Desde los inicios de la historia del hombre en la tierra, éste ha logrado
realizar una serie de transformaciones físicas y químicas a partir de
diferentes materiales e insumos naturales para la obtención de otros, desde
el descubrimiento del fuego, pasando por los inicios de la metalurgia y la
aleación de metales, la cerámica, la fermentación y destilación de frutos
para obtener bebidas alcohólicas, la extracción de colorantes y pigmentos
para sus vestidos, etc. Desde que el hombre inició su recorrido por este
planeta, de alguna manera se dieron una serie de procesos químicos,
casualmente descubierto por éste o desarrollados por él, con el fin de hacer
más fácil su vida.
Desarrollar la historia del hombre y su interacción con los procesos físicos
y químicos o viceversa, no es nuestro objetivo, sino comentar algo de la
historia de la ingeniería química por lo que nos acercaremos un poco más a
los inicios de ella. Este comentario inicial, nos sirva para reflexionar que
los procesos físicos y químicos, siempre nos han acompañado y se han dado
aún antes de la presencia del hombre.
Los primeros años del siglo XVIII coincidieron con una gran demanda de
carbonato de sodio utilizado para el procesamiento y producción de una
variedad de productos, como el jabón, vidrio, textiles, etc. Nicholas Le
Blanc, químico francés (1742-1806), desarrolló un método para obtener de la
sal obtenida del mar, carbonato de sodio; procedimiento que se utilizó hasta
1810; este proceso tenía el inconveniente de generar durante el proceso,
otros productos altamente peligrosos (ácido clorhídrico, óxidos de nitrógeno
y gases de azufre y cloro), los mismos que constituyeron una gran amenaza
para la salud.
A principios de 1860, Ernest Solvay, químico industrial belga (1838-1922)
desarrollo con éxito lo que hoy conocemos como el método Solvay o torre
Solvay de carbonatado. Este proceso se basaba en la reacción del dióxido de
carbono en estado gaseoso con una solución de sal de amonio, produciéndose
el carbonato de sodio. A pesar de que entonces, no se hablaba de la
ingeniería química, este método Solvay, constituye claramente una operación
unitaria.
Podríamos afirmar que los inicios de la Ingeniería Química se dan hacia el
año 1880 cuando se publica el libro lecciones de ingeniería química, de
George E. Davis en la ciudad Manchester, fracasando este autor en su intento
de fundar la “Society of Chemical Engineers”, en Londres, dictando el primer
curso de ingeniería química hacia 1887 en el Manchester Technical School. Al
año siguiente Lewis M. Norton dicta el curso de ingeniería química en el
Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT); este curso fue modificado y
extendido por William H. Walter, dictándose luego cursos de ingeniería
química en otras universidades de EEUU, como Columbia, Michigan y
Pensylvania.
Por el año de 1893, el Dr. George Lunge profesor de la Escuela Técnica
Federal de Zurich, hace publica la necesidad industrial existente en ese
entonces, de combinar los esfuerzos científicos de los químicos con la de
los ingenieros mecánicos, y así poder formar una nueva industria elaboradora
de productos químicos.
En 1901 George Davis publica el primer Handbook de Ingeniería Química, y ese
mismo año Albin Haller funda una de las primeras escuelas de ingeniería
química en Francia, en la ciudad de Nancy.
En 1908 la American Chemical Society, organiza la división de químicos
industriales e ingenieros químicos, publicándose la Journal of Industrial
Engineering Chemistry; fundándose simultáneamente en Filadelfia por
ingenieros químicos el American Institute of Chemical Engineers.
Widnes en Cheshire a principios de los 1800, debajo de una nube del proceso
de Leblanc
Es en 1910 que en el Instituto Tecnológico de Massachussets, un grupo de
profesores establece la cátedra de Ingeniería Química. Años después (1915).
El Dr. Arthur D. Little propugna lo que sería el primer pilar fundamental de
la ingeniería química: LAS OPERACIONES UNITARIAS, en el instituto
tecnológico de Massachussets; las mismas que son posibles de aplicar a
diferentes procesos industriales, independientemente del producto a
fabricar. De las mismas se decía: “Cualquier proceso químico, cualquiera sea
su escala, puede ser resuelto en una serie coordinada de lo que podría ser
denominado acciones unitarias, como, pulverización, mezclado, calentamiento,
absorción, precipitación, cristalización, filtración, disolución y así
sucesivamente” . Arthur Litlle comentaba que las operaciones unitarias eran
básicamente físicas antes que químicas, pero que estaban dirigidas a un
resultado químico, que eran pocas en número pero las condiciones bajo las
que podían ser conducidas eran de lo más variadas y estaban determinadas por
la naturaleza de los materiales en tratamiento, el tamaño de la operación,
las temperaturas, presión y demás factores involucrados en el proceso.
Arthur D. Little, actor fundamental en el reconocimiento de la ingeniería
química, explicaba así su punto de vista: "Con el creciente número y
complejidad de los problemas surgidos de la rápida expansión de las
industrias químicas, se empezó a reconocer gradualmente que había necesidad
y sitio para una rama distinta dentro de la ingeniería, a la cual estos
problemas le fueran asignados. En respuesta a esta necesidad tenemos la
Ingeniería Química, no como una mezcla de química con ingeniería mecánica y
civil sino como una rama separada de la ingeniería, basada en las
operaciones unitarias, las que en su propia secuencia y coordinación
constituyen un proceso químico llevado a escala industrial".
El trabajo de los conceptos de las operaciones unitarias, en las plantas de
transformación físicas y químicas pronto llevan a advertir al ingeniero
químico importantes similitudes y que el estudio de las mismas se resumen en
tres operaciones de cambio; que la masa, el calor y la cantidad de
movimiento se transfieren impulsadas por un potencial, venciendo una
resistencia, determinando un cierto flujo de transferencia. Estos conceptos,
generalizados para las operaciones unitarias se fundamentan años mas tarde
cuando en 1960, es publicado el libro “EL FENOMENO DE TRANSPORTE”, de los
ingenieros Bird, Steward y Ligtfoot; en el que se desarrolla el estudio
sistemático de los fundamentos del transporte de materia, energía y cantidad
de movimiento, surgiendo así, el que sería el segundo gran pilar de la
ingeniería química.
Desde los años sesenta hasta la fecha, la Ingeniería Química no ha dejado de
cambiar y evolucionar, adecuándose a las necesidades de la industria, de la
sociedad y del hombre. Pronto la Ingeniería Química ha podido hacer uso de
las nuevas tecnologías, desarrollar otras, para cumplir sus objetivos. El
uso de la programación facilitó el cálculo teórico y la automatización, y el
control de las operaciones unitarias como de los procesos de fabricación.
Al transcurrir los años, varias son las ramas de la ingeniería que han
surgido de la ingeniería química; como la ingeniería bioquímica,
petroquímica, textil, metalurgia, ambiental, alimentos, agroindustria,
pesquera, entre otras, pero quizás sea la ingeniería bioquímica, la que con
sus propias características científicas, nos muestra como la ingeniería
química haciendo uso de otras ciencias, diseña procesos con operaciones
unitarias para un mejor desarrollo de la industria o generando nuevas
industrias.
En un discurso Sir Harold Hartley, en 1952, dirigido a la "Institution of
Chemical Engineers", se refiere a la Ingeniería Bioquímica como una rama de
la Ingeniería Química que se mueve en el marco de los mismos principios,
teorías, procedimientos y métodos que son fundamentales y generales, a los
que se agregan otros que son propios de su condición de ciencia.
En muchos aspectos los ingenieros químicos dieron su aporte hacia la
sociedad, durante la segunda guerra mundial desarrollaron la producción de
caucho sintético, muy escaso en ese entonces el caucho natural,
contribuyeron a perfeccionar la producción industrial de la penicilina,
logrando procesar penicilina con una recuperación del 85 por ciento, antes
de ello no había podido lograrse, otro problema que ayudaron a resolver fue
la inestabilidad de este producto en solución; se requería una forma estable
que permitiera el almacenaje y el despacho de la penicilina. El proceso de
congelación y desecación (en que la solución de penicilina era congelada y
luego sometida al vacío para extraer el hielo en forma de vapor de agua),
parecía ser el mejor método, pero no antes se había aplicado a escala
industrial. Un programa acelerado de estudios emprendido por ingenieros
químicos del Instituto Tecnológico de Massachussets logró una comprensión de
los fenómenos básicos del proceso que hizo factible la construcción de
plantas de procesamiento, lográndose la producción a gran escala de la
penicilina y su distribución, salvándose con este logro millones de vidas.
Debido a la explosiva demanda de combustible en 1919, para automóviles a
raíz de la innovación de Henry Ford para la producción masiva y en línea de
automóviles, las industrias petroleras se vieron en la urgente necesidad de
producir grandes cantidades de gasolina con una tecnología que superara el
desempeño de las plantas de cracking térmico. Fue hasta 1945 cuando se
introdujo comercialmente el cracking catalítico en lecho fluidizado (diseño
de ingenieros químicos), el cambio permitió a la industria de refinación del
petróleo satisfacer la demanda creciente de combustible. El éxito de este
desarrollo estimuló la investigación en la tecnología de lecho fluidizado en
otras reacciones, y hoy es ampliamente utilizada en la producción de otros
químicos, en procesos metalúrgicos y en sistemas de combustión para calderas
e incineradores.
La segunda innovación en importancia en la industria de refinación del
petróleo fue la reforma catalítica para convertir naftenos de octanaje muy
bajo y parafinas en aromáticos de alto octanaje, como benceno, tolueno,
etilbenceno y xilenos, materiales sustitutos del tetraetilo de plomo, (cuya
eliminación es obligatoria), usado para el mejoramiento del octanaje de la
gasolina.
Serán muchos los problemas y retos que deberá enfrentar la industria de
procesos químicos y también serán numerosas las oportunidades que le
ofrecerán los nuevos conocimientos en las ciencias básicas (matemáticas,
química, física, biología, etc.), como serán muchas las exigencias expresas
y latentes de las nuevas tecnologías como la nanotecnologia, nuevos
materiales, microelectrónica, informática, biotecnología y otras ciencias
emergentes. El enfrentamiento de estos retos y la debida explotación de las
oportunidades con innovaciones inteligentes y rápidas, le permitirá
configurar una nueva base tecnológica a la industria de procesos químicos y
con ello ampliar el universo de aplicación de la ingeniería química a áreas
industriales aún inexistentes
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