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Kenneth Wright: "El milagro de
Machu Picchu es invisible,
es subterrtáneo"

Por José Gabriel Chueca

En 2000, Kenneth Wright publicó junto con Alfredo Valencia Machu Picchu. Maravilla de la ingeniería civil,un estudio del sistema de agua y drenaje de la ciudadela.Ahora,acaba de presentarse, gracias a la UNI y al Colegio de Ingenieros de Lima,una muy bien ilustrada edición en castellano.

"Mi esposa fue a Machu Picchu en 1974, con nuestras dos hijas, y regresó maravillada. 'Es un sitio fantástico, la pregunta es de dónde sacaban el agua', me dijo. Y le contesté: 'Yo lo voy a averiguar'. Así comenzó todo esto", recuerda Kenneth Wright.

¿Cómo empezó?
Me comuniqué con la embajada peruana y les dije que quería estudiar Machu Picchu. Y durante veinte años no hubo respuesta. Hasta que un día, un amigo mío entró a la Secretaría de Estado para asuntos globales... al poco tiempo, me llamó el agregado cultural de la embajada y me dio la autorización así (chasquea los dedos).

¿Cuándo publicaron la versión en inglés de Machu Picchu. Maravilla de la ingeniería civil?
En noviembre de 2000. Fernando Caller, de la UNI, lo vio y me llamó para hacer la traducción. Han pasado cinco años desde entonces, pero, con ayuda del Colegio de Ingenieros de Lima, ya salió el libro en castellano, y estoy muy contento.

¿Cuál fue su primera impresión al llegar a Machu Picchu?
Fue en 1994. Y pensé que era una maravilla salida de un cuento de hadas. Entendí por qué gente de todo el mundo está enamorada de Machu Picchu. Es el sitio arqueológico más importante de Sudamérica.

¿Cómo empezaron el trabajo?
Nuestro objetivo era estudiar el suministro de agua de la ciudadela. Para ello, en Cusco, encontré al profesor Alfredo Valencia Zegarra y le pedí que me ayudara. Hicimos excavaciones para examinar sus métodos de ingeniería, también observaciones de superficie y, a veces, contratamos macheteros para explorar zonas con mucha vegetación. Estudiamos el trabajo en piedra, cómo construyeron sus paredes, el tipo de suelo, etc. Y mientras más estudiamos, más respeto nos inspiraban los incas y Machu Picchu.

¿De dónde sale el agua para Machu Picchu?
La ciudad está al costado del cerro que le da su nombre, en medio de dos fallas geológicas. Como está más abajo, el agua de lluvia que se acumula en el suelo se filtra hasta llegar a la ciudadela. Eso encontraron los incas: el agua que se filtraba. Y luego procedieron a canalizarla.

¿Cómo descubrió usted que se abastecían con la lluvia?
Soy ingeniero consultor de hidrología. Es lo que hago para vivir. Y lo hago para compañías como Exxon o British Petroleum. Ellos pagan muy buen dinero por eso, pero para Machu Picchu lo hice gratis. Lo primero que hicimos fue averiguar cuánta agua de lluvia caía al año. Para eso chequeamos los estudios de la capa de hielo de Quelccaya, en el lago Titicaca, donde pudimos averiguar cuánta lluvia caía hace 500 años. Después determinamos el tamaño del canal, la población, el flujo y luego cruzamos todos los datos y establecimos nuestra teoría: que el agua de lluvia acumulada en el suelo durante setiembre, en primavera, iba filtrándose hacia abajo en noviembre.

¿Bastó ese canal?
El canal que recoge el agua que se filtra tiene 750 metros de largo, 12 centímetros de fondo y 15 centímetros de ancho. Y por cada cien metros desciende tres metros, hasta la fuente 1, que está junto a la residencia del inca. Por lo tanto, él era el primero en usar el agua. Después viene una serie de fuentes de donde los demás ya podían sacarla y transportarla en aríbalos.

Los incas hacían canales permeables o impermeables según quisieran.
Claro. La plaza, por ejemplo, es permeable. Debajo del pasto, hicieron el suelo con cientos de miles de pedazos pequeños de piedra, grava. De esa manera, el agua que atravesaba el pasto se iba fluyendo a través de esas piedras molidas. Y ese es el secreto del éxito de la ciudadela. Sin un sistema eficiente de drenaje, el agua se hubiera estancado y los muros y la ciudad se hubieran deslizado y caído del cerro. Entonces, lo que hace un milagro de Machu Picchu es invisible, está debajo de la tierra.

¿Ha descubierto alguna pista sobre cómo hicieron los incas para construir esos muros perfectos?
Ellos lo hicieron con algo llamado mucho, mucho amor (ríe). Es un misterio, pero debieron trabajar muy despacio y con mucho cuidado, dedicación y ternura. Para tallar la roca, usaron otras piedras más duras que el granito, que conseguían en el río. Y para que la piedra quedara suave la lijaban con arena.

Para usted, que es especialista en esto, la ingeniería es un lenguaje.
Ellos nos hablan a través de la piedra. Somos capaces de ir 500 años en el pasado y hablar con los incas, a través de los números. Ellos usaban proporciones numéricas para calcular hasta el más mínimo detalle y no solo buscando el funcionamiento correcto del sistema sino también belleza.

¿Este trabajo lo ha cambiado de alguna manera?
Creo que me ha hecho un mejor ingeniero. Lo que he aprendido de los incas es disciplina, concentración. Y eso, en mi negocio, es fundamental.